No quiero volverte loco, creía que a ésta la traías incluida. Si alteramos la química, la alquimia no funciona. Leéte el prospecto; ya tenías que venir completo. El envoltorio endulza, impulsa, pero no engancha. Hablar de enganche siempre termina en dolor. Las palabras feas están enquistadas en el inconsciente colectivo, a veces se me escapan.
Lo que te decía; los términos generales me succionan la mente. Esto no debería ser locura, sino cordura que camina al límite del margen, siempre el izquierdo, por cuestiones de circulación y fluidez. No entiendo las vueltas de campana, las anotaciones eternas a sentimientos encontrados y desencontrados. Vamos a dejarlo estar y que se haga lo que tenga que hacerse. No sé si creo en el destino, pero quedará bonito este caos tan ordenado arrugando las sábanas. Ese orden que nadie ha establecido, ni tú con tu cordura ni yo con lo que sea, que no sé qué es, pero palpita y aúlla cada vez que sale la luna.
sábado, 9 de junio de 2018
domingo, 6 de mayo de 2018
No tengo tiempo de ir agazapada por las esquinas. Dicen que es mejor pedir que robar, pero siempre me tiembla la voz. Me canso enseguida de perseguir polillas. Ya he apagado esta luz. A ti te alumbraba y a mí me cegaba, disculpa que me posicione a favor del instinto de supervivencia. Me he quedado muchas cosas, pero las iré dejando por el camino para no perderme. Dicen que soy todo por dentro y nada sobrevive si no es con calor. Me descubrí estornudando y mi dignidad se negó, siempre con la manta a cuestas, pendiente de manterner encendido el fuego, que a ratitos se entristece, pero jamás se apaga. No tengo tiempo para esta ventisca ni ganas de cogerle miedo al invierno. Tú te quedas aquí, en este valle de incomprensión. Yo le haré caso a ese tipo borracho: "no tengo tiempo para las cosas que no tienen alma".
domingo, 15 de abril de 2018
Me voy recuperando poco a poco, después de un vacío siempre hay una racha de viento, que lo agita todo sin comprender el ruido. Y luego se asienta. Así son los cambios, rupturas radicales que necesitan tiempo para equilibrarse.
Me dicen los que saben que respire profundamente, pero la profundidad nunca se llena. Es un abismo en el que se pierde incluso lo más eterno. Ahora sé que hay vacíos que cohabitarán en mí toda la vida, que no se van a llenar nunca. Tienen nombres y apellidos de existencias con las que he sido.
Un día, él se despidió en mis sueños y me dejó aturdida, sin comprender dónde se había ido. Ni por qué. Ni de qué manera. No paran de decirme que cuando se van, no se llevan nada, pero yo sé que es mentira. Que me falta un trozo. Que ya no soy la misma. Que nada nunca más volverá a ser como antes. Y aprendo a despertar de nuevo todas las mañanas, a seguir viviendo como si las cosas no se hubieran desordenado. Pero miro y no encuentro lo que me hacía ser yo, porque me marché con él y ya no sé cómo volver. Si lo que ha dejado de existir puede vivir otra vez. Y es que ya no soy yo, soy otra que tengo que empezar a conocer de nuevo.
Me dicen los que saben que respire profundamente, pero la profundidad nunca se llena. Es un abismo en el que se pierde incluso lo más eterno. Ahora sé que hay vacíos que cohabitarán en mí toda la vida, que no se van a llenar nunca. Tienen nombres y apellidos de existencias con las que he sido.
Un día, él se despidió en mis sueños y me dejó aturdida, sin comprender dónde se había ido. Ni por qué. Ni de qué manera. No paran de decirme que cuando se van, no se llevan nada, pero yo sé que es mentira. Que me falta un trozo. Que ya no soy la misma. Que nada nunca más volverá a ser como antes. Y aprendo a despertar de nuevo todas las mañanas, a seguir viviendo como si las cosas no se hubieran desordenado. Pero miro y no encuentro lo que me hacía ser yo, porque me marché con él y ya no sé cómo volver. Si lo que ha dejado de existir puede vivir otra vez. Y es que ya no soy yo, soy otra que tengo que empezar a conocer de nuevo.
martes, 20 de marzo de 2018
En esta ciudad convexa, llueve aburrimiento y señores/as enfrascad@s en colores poco dados a avanzar. Los balcones se visten de aguas estancadas y de olores putrefactos. Nadie sale del charco, se quedan en medio del punto más profundo y esperan a que suba el nivel. Sienten las gotas en sus cabezas, cada vez con mayor presión. Son las víctimas de las torturas bélicas que han elegido. La dignidad resopla, cansada, mientras los espera en algún soportal. Es la dignidad de la que nadie habla, por miedo a que les escuche. Es la del eterno viajero, como el de la canción, que sabe dónde ir a recoger lo que le pertenece y nadie puede quitarle.
lunes, 19 de marzo de 2018
La normalidad se escabulle, se escurre entre excusas existenciales, exageradas y exasperadas. Y a mí me importa un nabo todo lo que se supone que cumple las reglas, lo que debería de entender o lo que tú crees que debería de hacer.
No tenemos el mismo patrón, hemos salido de sitios distintos. Mis principios siempre saludan antes que yo, porque me he preocupado de darles cierta educación. No entiendo las exigencias vacías, el hecho de creer que por tener derecho a pedir, haya que asentir. No nos confundamos las libertades, aquí cada uno es dueño de las suyas. Todo lo demás va a parte.
No tenemos el mismo patrón, hemos salido de sitios distintos. Mis principios siempre saludan antes que yo, porque me he preocupado de darles cierta educación. No entiendo las exigencias vacías, el hecho de creer que por tener derecho a pedir, haya que asentir. No nos confundamos las libertades, aquí cada uno es dueño de las suyas. Todo lo demás va a parte.
domingo, 18 de marzo de 2018
La cordura toca al timbre de mi idealismo, que danza entre sueños y fantasías muy poco dadas al cemento. La insistencia del pitido constante le molesta, pero se sacude.
Lloran mis ideales, chocándose contra esquinas que no son suyas. Echo de menos la ligereza, la capacidad para hacer de mi utopía, mi carretera. La cordura llega de repente, para llenarme los bolsillos de verdades cuando se me dibuja la sonrisa de la loba solitaria que creyó encontrar su lugar en la luna y pudo por fin dejar de aullar.
Lloran mis ideales, chocándose contra esquinas que no son suyas. Echo de menos la ligereza, la capacidad para hacer de mi utopía, mi carretera. La cordura llega de repente, para llenarme los bolsillos de verdades cuando se me dibuja la sonrisa de la loba solitaria que creyó encontrar su lugar en la luna y pudo por fin dejar de aullar.
No para de sonar un timbre dentro de mi cabeza y mi pecho sólo me manda a bailar.
martes, 20 de febrero de 2018
Y, entre todo este follón, yo hago lo que me da la gana. Y me exilian de las instituciones perfectamente formadas. Y me echan de los razonamientos perfectamente lógicos. Y la maldita contradicción vuelve con los dientes apretados, creando bruxismo en las mandíbulas de mis ideales, porque ser no debería excluirme de estar. De pertenecer. Porque, a veces, añoro mirar a unos ojos que no sean los míos y saber que he conseguido compartir algo. Compartirlo de verdad, con la comprensión que eso conlleva.
Sentir que, por fin, he encontrado el cable. Ese que une lo que soy con donde estoy. Con quien estoy.
Y que no estoy perdida. Ni sola. Porque la soledad es traicionera. El sentimiento de soledad. Lo diferente a la soledad misma. Eso que te hace sentir diminuta en medio de la inmensidad, rodeada de gente, de bultos, de seres que tienen una relación contigo pero que tú no la sientes. No la encuentras. Hablo de sentimientos, de eso que no eres capaz de describir, pero que te hace estremecer.
Sentir que, por fin, he encontrado el cable. Ese que une lo que soy con donde estoy. Con quien estoy.
Y que no estoy perdida. Ni sola. Porque la soledad es traicionera. El sentimiento de soledad. Lo diferente a la soledad misma. Eso que te hace sentir diminuta en medio de la inmensidad, rodeada de gente, de bultos, de seres que tienen una relación contigo pero que tú no la sientes. No la encuentras. Hablo de sentimientos, de eso que no eres capaz de describir, pero que te hace estremecer.
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