martes, 20 de febrero de 2018


Y, entre todo este follón, yo hago lo que me da la gana. Y me exilian de las instituciones perfectamente formadas. Y me echan de los razonamientos perfectamente lógicos. Y la maldita contradicción vuelve con los dientes apretados, creando bruxismo en las mandíbulas de mis ideales, porque ser no debería excluirme de estar. De pertenecer. Porque, a veces, añoro mirar a unos ojos que no sean los míos y saber que he conseguido compartir algo. Compartirlo de verdad, con la comprensión que eso conlleva.
Sentir que, por fin, he encontrado el cable. Ese que une lo que soy con donde estoy. Con quien estoy.
Y que no estoy perdida. Ni sola. Porque la soledad es traicionera. El sentimiento de soledad. Lo diferente a la soledad misma. Eso que te hace sentir diminuta en medio de la inmensidad, rodeada de gente, de bultos, de seres que tienen una relación contigo pero que tú no la sientes. No la encuentras. Hablo de sentimientos, de eso que no eres capaz de describir, pero que te hace estremecer. 

  
El tambor de las olas retumba en mi cabeza trayendo recuerdos de otras tierras. Me sorprendo a mí misma una y otra vez huyendo a lugares lejanos, sin retorno. La monotonía danza entre mis costillas aprisionando de vez en cuando mis pulmones. Y respiro a regañadientes porque no estoy muy segura de lo que voy a encontrar dentro de mí. Siempre busco rutas alternativas a mis paseos obligatorios, porque no he nacido para ver pasar el mismo cemento delante de mí una y otra vez. "Tú siempre tan escurridiza", me gritan desde la otra acera, confundidos, enterrados en vida, soñando con mentiras. Vuelvo al susurro de aquella caracola y me acuerdo de cuando me reía por cualquier cosa, y me doy cuenta de lo que hacen los candados del sistema en los corazones de los lobos solitarios que pretenden aullar cosas nuevas. Se olvidan.

lunes, 9 de octubre de 2017

A veces el cielo se me cae encima y no entiendo por qué tanta oscuridad de golpe. Cierro los ojos y puedo ver el rayito de los sueños difuminándose sin piedad, de cada vez más nublado. Las agujas corren en la dirección contraria, porque parece que siempre estoy en el mismo punto aunque los años pasen y pasen. Hay días en los que el cielo se muestra más callado, para combinar con mis silencios. No entiendo nada de lo que me rodea porque mi alrededor y yo no compartimos números de contacto. "Ya te llamaré" que suenan inconexos dentro de las paredes de mi cráneo constantemente. Me gustaría saber gritar, pero sólo me salen lamentos de victimismo disfrazados de una frialdad tajante y firme que se carga todo el color de mi burbuja. No sé qué hago aquí, rodeada de tanto vacío, ni qué coño hace el vacío mirándome tan confundido. Nos hemos encontrado, aunque nunca nos habíamos dejado, y ya no sabemos cómo mandarnos a la mierda sin hacernos daño.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Qué bonitas las constelaciones que no entiendes. Misteriosas señales del tiempo y del espacio que te forman como quien eres y dibujan una incognita repleta de "peros" y justificaciones que te desvían del camino de tu vida. El que no está escrito. Y el que sí. Porque las cosas no son sólo de un color. Tienen tantos matices que te mareas y vomitas, y vuelves a mirar, porque lo que desconoces te fascina demasiado. Te deslumbra. Te embelesa. Y vives en un mundo que los demás no comprenden, porque no pueden. Porque nunca han viajado contigo. Porque no pueden oler los olores que hueles ni oir los sonidos que escuchas. Se pierden con tus bailes, se pisan los pies con furia, esperando que aparezca un diccionario que les defina con palabras lo que estás sintiendo, cuando tus palabras no están en ningún idioma. Qué bonitas las constelaciones que no entiendes.

martes, 13 de diciembre de 2016

A lo mejor son los lobos que crean lunas cada vez que aúllan. No se sabe nunca qué va antes, si el sentimiento o la acción. Yo siento mucho, pero no hago nada. Dejo que lo que palpita se quede ahí. Confundiéndome. Perdiéndome. A veces no sé si estoy en mi lugar. No sé si alguien lo está, aunque Alguien siempre me ha importado un carajo. El plan establecido se ha ido al garete antes de nacer. Los tiburones me deboran el alma todas las noches. Y yo ya no sé. A veces, abro los ojos con pánico a encontrar algo que no debería estar ahí. Y nada lo está. No sé.Todo llora desordenado en mi mente caótica de sueños y pesadillas. De dolor y de alegría. Se está haciendo demasiado poético este martes. Se me echan encima las hienas hambrientas de verdades. No sé. No sé qué va antes. Si los sueños o las mentiras.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Las fieras hablan de las luces y las sombras. Se han olvidado del hambre. Y de las miradas, que brillan un poco más a medida que avanzan. La perspectiva depende de eso. Del brillo, digo. Le aporta una altura distinta a los sueños. Y a las caídas.


lunes, 24 de octubre de 2016

La ilusión generalizada pierde perspectiva. Desde el sótano no se ve nada. Hace falta altura, cabezas dotadas de brújulas estropeadas. En el norte hace demasiado frío, los esquimales tiritan aburridos. La sangre calienta cuando el corazón bombea. Pero ya no se oye nada.