lunes, 24 de octubre de 2016
martes, 11 de octubre de 2016
A veces se te dilatan las pupilas por puro placer, el momento te regala lo que eres, porque no eres más que este momento, en el que se te eriza la piel y todo tiene sentido. La inspiración brota de tus neuronas y parece dibujar el plan para el resto de tu vida: ser así. Dejarte ser así. Es efímero, pero parece inamovible, eterno. Acuérdate. Acuérdate. Llévalo al escalón más alto de tus metas. La respuesta a todo está en tu piel de gallina. En ese segundo de placer inmenso en el que absolutamente nada más importa.
lunes, 3 de octubre de 2016
Las moscas se estampan voluntariamente contra una pared de hormigón que ya estaba ahí antes que tú. Es tu pared, redecorada a consciencia con cincuenta títulos de papel que dicen ser importantes, pero no para ti. No están hechos de piel, ni de gemidos insensatos que se escapan de la garganta. Son de contradicción, están hechos de lo mismo que tú.
martes, 13 de septiembre de 2016
miércoles, 17 de agosto de 2016
Ahora miran vulnerables las hienas melladas, sin saber de qué reírse. ¿Dónde se fue la gracia de la historia? La vida la ha puesto en su sitio, como siempre; avisando muy sutilmente. Mejor apretar el on de los oidos sordos. Mejor inventar un largo silencio en letargo. Y esperar sin saber que esperas. Qué esperas. Los finales crean dudas y los principios se convierten en cobardes despedidas de lo que un día te dijo aquél espejo.
lunes, 18 de julio de 2016
La niñez luce asustada en la cuneta donde la dejamos. Hace años que no se mueve del asfalto, la esperanza no le deja. "Algún día podré volver", se repite en voz baja. Yo también me lo repito ante el espejo. El maldito cambia de lugar mis hemisferios. Todo lo racional se convierte en pálpitos agresivos que avisan de una tormenta necesaria.
A veces nos olvidamos de que para que todo vaya bien, algo debe fallar. Yo fallé.
A veces nos olvidamos de que para que todo vaya bien, algo debe fallar. Yo fallé.
jueves, 9 de junio de 2016
Las arañas de mis ojos chispean ilusiones ilusorias. No pueden hacer otra cosa, las pobres. Les enseñaron a rezar todas las noches y ahora los murciélagos las atacan si se quedan dormidas. Su naturaleza está cabreada. No le deja ser lo que siempre será. No bastan los cortes de mangas contundentes para que todo vuelva a la normalidad. Ya nada será igual, pero mientras tanto...
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