martes, 13 de septiembre de 2016

Los cementerios me han dejado de dar miedo. No hay nada malo porque todo lo malo tiene algo de bueno. Mis fantasmas se han jubilado, ahora hacen su camino sin obligaciones terrenales. Y todo fluye mejor. Mantengo mi azotea limpia de parásitos que sólo querían dejar una huella que no les pertenecía.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Ahora miran vulnerables las hienas melladas, sin saber de qué reírse. ¿Dónde se fue la gracia de la historia? La vida la ha puesto en su sitio, como siempre; avisando muy sutilmente. Mejor apretar el on de los oidos sordos. Mejor inventar un largo silencio en letargo. Y esperar sin saber que esperas. Qué esperas. Los finales crean dudas y los principios se convierten en cobardes despedidas de lo que un día te dijo aquél espejo.

lunes, 18 de julio de 2016

La niñez luce asustada en la cuneta donde la dejamos. Hace años que no se mueve del asfalto, la esperanza no le deja. "Algún día podré volver", se repite en voz baja. Yo también me lo repito ante el espejo. El maldito cambia de lugar mis hemisferios. Todo lo racional se convierte en pálpitos agresivos que avisan de una tormenta necesaria.
A veces nos olvidamos de que para que todo vaya bien, algo debe fallar. Yo fallé.

jueves, 9 de junio de 2016

Las arañas de mis ojos chispean ilusiones ilusorias. No pueden hacer otra cosa, las pobres. Les enseñaron a rezar todas las noches y ahora los murciélagos las atacan si se quedan dormidas. Su naturaleza está cabreada. No le deja ser lo que siempre será. No bastan los cortes de mangas contundentes para que todo vuelva a la normalidad. Ya nada será igual, pero mientras tanto...




sábado, 4 de junio de 2016

Las tuercas encajan y el mecanismo, por muy oxidado que los ajetreos lo hayan dejado, avanza, palpita.
Volverá a amar.
Empezará a amar, porque ha nacido para ello.
No funcionaba contigo.
No podía contigo.
Tú eras la humedad que hacía que se oxidara.

Creció, hace tiempo, una semilla en unas entrañas, que algunos llaman alma. La maldita se ha hecho tan fuerte que si se alguien intenta arrancarla, se agarra por las paredes del fuero interno y se fortalece.
Esta mala hierba se llama "eleutheromania".

viernes, 3 de junio de 2016

Las tuercas se me han perdido por el camino.  Me gustaban más los huesos de antes, los músculos. Los órganos, que se quejaban cada vez que alguien los ofendía. Porque sentían. Sentían.
Ahora nos cuesta ponernos la piel por encima. Preferimos el frío metal de la apatía, del desconocimiento y del pensamiento ajeno, tan bien hecho, tan bien estructurado, que no cuesta trabajo. Del trabajo rutinario salimos comiendo cerebros ajenos, intentando encontrar aquella chispa que vibraba en nuestro interior, aquel: "me gusta lo que hago con lo que soy". Intentamos huir de lo que creemos que nos pertenece. Qué maldita ironía.