domingo, 21 de febrero de 2016

¿Tú crees que el día que decidas, en un alarde de sensatez, ser tú mism@ toda tu materia se desintegrará por la novedad? Es muy posible, piénsalo. Has pasado por todas las etapas, momentos, estilismos, pensamientos y sentimientos. Menos por los tuyos, que los tienes ahí, en un rincón de la habitación forrada de pelusas, llorando sin parar. Sin pausa. Con la cara morada y la garganta roja.
Algún día se te revolucionará el alma. Te dará un puñetazo y te pondrá en tu sitio. En el tuyo y en el de nadie más. Es tu maldito trabajo, así que esto llegará. Cuanto más tarde, más dolor. La elección es tuya.

lunes, 15 de febrero de 2016


Hablas de verdades universales como si tú no tuvieras ninguna. Como si no necesitaras ideales, creencias o utopías en la cabeza. Y nos quieres enseñar a pensar. Tú; sin identidad, sin nombre, sin ser. Como si fuera eso posible. Se te ha quedado un trozo de verdad universal entre los dientes, dice que no es justo que salga ahora, imponiendo sus bases como si fueran las únicas. Escúchala, que no es tuya, pero es de verdad. No la sueltes. No la sueltes. Deja que las verdades se formen libremente entre nuestros pechos. No nos las quites. Fórmate una sombra y que te siga. Y sigue tú tus pasos, si es que los tienes. Y saca tus verdades del vertedero de fantasmas que enterraste algún día, si es que aún gritan. Pero mientras tanto, oye, no nos quites lo que tú no tienes.


domingo, 31 de enero de 2016

Chica, es mejor que te pases la maldita vida buscando el puñetero cable que debería unirte con la mayoría. Lo de que nacemos integrados con un sistema vital, es mentira. Una trola que te contarán los grillados de turno que leen mucha mierda existencialista. Tú tienes un problema. Tú eres rara. Has resultado pensar, mira tú por dónde. Hubiese sido todo más fácil diciendo que sí a todo. Sin esas ideas tuyas tan utópicas que no llevan a nada. Pajarillos en la cabeza, reina. Pajarillos mancos que se destrozarán contra el suelo. Así que intégrate, incomprendida. Los solitarios tienen demasiadas alas para volar. 





Traga. Engulle.
Da igual lo que pienses. El pensamiento se atasca con tu responsabilidad. Tu tarea. Tu trabajo. Mueve la cabeza, de arriba abajo. Otra vez. De arriba abajo. Y lo crees. Ahora te lo crees. No es tan complicado cuando todo lo han pintado para ti. Tu mundo, que es el de todos. El de cartón. El que se agujerea cuando se moja. Cuando lo mojas. El que deja un vacío insostenible cuando se cae. El tuyo. El que tú has elegido no rellenar. Demasiado ocupado con pintar de colores la tapadera. Un poquito de rosa, para endulzarlo. Y de negro, para asustar. Miedo. Qué miedo. Cómo necesitas el miedo, oye, qué cojín más maravilloso. Y mientras tanto todo sigue su camino, que no es el suyo. Y mientras tanto, tú no sientas mucho. O tendré que matarte.

jueves, 28 de enero de 2016

La muerte puede acorralarme mientras estoy viva. Lo de respirar se queda en segundo plano, como casi siempre, aunque tiene que ver. La muerte es como darse cuenta de que estás respirando. Ya no puedes seguir existiendo sin olvidarlo. Y lo fuerzas. Y lo desordenas. Vives lo que no vivirías, pruebas lo que no probarías y te caes en quinientos agujeros que no se hubieran cruzado nunca en tu maldito camino de baldosas amarillas.
Ese parte del problema; la reactividad. Actuar cuando alguien nos está mirando. Dice la soledad que no se me da bien. Forzar, digo. No me sale. Hay gente que consigue convencerse, pero yo soy consciente de todo el montaje. Duro cinco minutos en escena. Ya me han dicho que no puedo seguir así, tan a gusto. Tan aislada de la parafernalia que debería vivir.
Pero... ¿y si tengo que vivirme a mí?

martes, 26 de enero de 2016

Me desorienta la obsesión por la pertenencia. La mutua. La que se busca y la que exige. Lo tuyo y lo mío.
En la punta de vuestra lengua se halla a todas horas Libertad. Hasta las tetas. Cansada. Aburrida. Harta de abusos innecesarios. Ella mira más adentro. Hasta las entrañas. Y se cruza de brazos al ver que lo único que queréis es un dueño. Que os maneje. Que os indique. La moralidad impuesta por otro. La estructura siempre ordenada del poder. "Esto está bien" "Esto está mal". La decisión ajena. La comodidad.


Libertad está hasta los ovarios de vosotros.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cuando se trata de amar, las plumas salen volando. Las mías. No sé qué coño tienen que ver las plumas en todo esto. Me confundo de conceptos. O no los entiendo. O yo qué sé.
Resulta que no echo de menos. Me viene por defecto. No añoro. O por lo menos, no añoro de la manera en la que todos añoran. Con rotundo dolor. Con palabras. Con desesperación verbal. No sé decir estas cosas, y tampoco me duelen. Sólo dejo que descansen y las siento un ratito. Aquí adentro. Muy profundamente. Sin saber cómo se llaman, sin dejarnos el teléfono de contacto. No hay contacto. No hay roce. Ni cariño. Ni apego. El apego es una rotunda mierda. Te mira con ojitos de pena y te engaña diciendo que es tuyo y que lo has abandonado. Que lo acojas. Que se siente muy solo. Sin dueño, como si eso fuera algo malo. Sin dueño. Ya quisiéramos nosotros. Sin dueño.
Quizá es porque he encontrado el valor a lo que sale por la boca. Al aire y a las palabras. A los sonidos. A los alaridos. Puede que respete demasiado el significado de lo que se dice y me jodan eternamente los "echo de menos" escupidos sin compasión. Con cobardía. Con caretas de plástico. Como todo lo que se dice mucho y se siente poco. Y solo. Le falta un dueño. El dueño que le sobra al maldito apego.
¿Dónde cojones te has metido cuando se tiene que decir la verdad?