Lo de recorrer la orilla del mar se me va a quedar atrancado en la memoria. Sí. Justo en la zona donde los recuerdos son más endebles, delicados. Donde, al pasear un ratito por encima, algo indefinible se queda en la garganta y una misteriosa lagrimilla empieza a brotar por la mejilla. Ahí. Justo ahí.
Voy a echarlo de menos. Voy a añorar la enormidad del horizonte. La sensación de final. De punto. De libertad.
Tanta tierra me entorpece, deja demasiados límites a mi imaginación. Me agobia la perspectiva de lo eterno, de la continuación de siempre lo mismo. El mismo paisaje, sin dejar nada para la improvisación. Es una de las cosas que más me asusta. Querer echar a correr y no encontrar este lugar para respirar. A veces, necesito que el protagonismo de mi vida quede en un segundo plano, quieto. Sentirme minúscula en medio del mundo y darme cuenta de que todos mis problemas ni siquiera pueden verse. Es como cambiar de perspectiva y dejar de temblar. Parar.
jueves, 11 de septiembre de 2014
jueves, 21 de agosto de 2014
No hay nada ausente. La mirada ojiplática girando al son de la música del ambiente, silenciosa y ensordecedora a la vez, saltando de la cadencia a la decadencia, como los días cotidianos. Siempre un, dos, tres, cuatro. Un, dos, tres, cuatro. Y de repente, ¡pum!, te pierdes. No sabes dónde te habías quedado, pero debes continuar. Todo el tiempo, desde el principio hasta el final, aunque te pierdas muchas veces y tengas que volver a empezar. Hasta que el principio sea inaccesible. Hasta que no haya vuelta atrás.
Los ojos nunca se cierran mientras la sangre hierve, que no se enfríe, que no se nos confunda. Con cuidado, parpadeos ligeros, para no perdernos nada. Un, dos, tres, cuatro.
Y el barullo de la música sigue sonando, y a veces, no sabes si se trata de un sonido de fondo o de lo que va a salvarte la vida. Así que escuchas. Escuchas. Un, dos, tres, cuatro.
Los ojos nunca se cierran mientras la sangre hierve, que no se enfríe, que no se nos confunda. Con cuidado, parpadeos ligeros, para no perdernos nada. Un, dos, tres, cuatro.
Y el barullo de la música sigue sonando, y a veces, no sabes si se trata de un sonido de fondo o de lo que va a salvarte la vida. Así que escuchas. Escuchas. Un, dos, tres, cuatro.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Quizá lo supe yo antes que tú. Por tus palabras, tan sumamente masticadas que se pierden en un océano de mentiras, todas iguales, con el mismo fin aséptico de ser aceptadas, como tú, como la farsa de tu seguridad, muerta en algún rincón de una dignidad que tose sin parar por culpa de la frialdad de tu orgullo.
Te odias mientras esperas impaciente a que te acojamos todos con los brazos abiertos. Todos somos nadie, ni siquiera tenemos la decencia de hablarte en serio. Somos el reflejo de lo que tú eres, el esputo que expulsas hacia tu reflejo. El asco hacia tus entrañas y la indiferencia hacia tus neuronas.
¿Qué esperabas? No me has mostrado otra opción.
Te odias mientras esperas impaciente a que te acojamos todos con los brazos abiertos. Todos somos nadie, ni siquiera tenemos la decencia de hablarte en serio. Somos el reflejo de lo que tú eres, el esputo que expulsas hacia tu reflejo. El asco hacia tus entrañas y la indiferencia hacia tus neuronas.
¿Qué esperabas? No me has mostrado otra opción.
viernes, 1 de agosto de 2014
martes, 29 de julio de 2014
Tienes un encanto de frialdad pactada, no sé muy bien con quién. O con qué. Tu previsibilidad intenta sorprender. ¿Mis manos en la cara como signo de impacto te sentarían bien? Quizá lo haga para comprobar. Probar. Siempre probando. Un poco así y otro poco asá. Es demasiado serio este juego, a veces el disfraz se compacta demasiado y ya no queda piel.
Piel. Piel.
¿No es especial hablar de piel? De tacto. De sensaciones. Piel. El cuero siempre me ha provocado de una manera extraña, perturbadora. Se adapta perfectamente a mis caprichos, a mis experimentos distribuidos por cada una de tus neuronas, que retroceden por el miedo a desaparecer. Y ya no sé si juego al juego o el juego me está jugando a mí.
Piel. Piel.
¿No es especial hablar de piel? De tacto. De sensaciones. Piel. El cuero siempre me ha provocado de una manera extraña, perturbadora. Se adapta perfectamente a mis caprichos, a mis experimentos distribuidos por cada una de tus neuronas, que retroceden por el miedo a desaparecer. Y ya no sé si juego al juego o el juego me está jugando a mí.
martes, 22 de julio de 2014
La luz, entrando por las pupilas e iluminando el iris. El color. Intenso. De vida. De saber. Tú no eres de aquí, ¿verdad?
Y la sonrisa, que habla, que no se calla, pero dice. Dice todo lo que las palabras no pueden. Y algo de mi interior brilla, porque acaba de verte. A ti. Sin ser tus ojos, sin ser tu boca. A ti.
Ese "tú" es tan maravilloso que no puedo decirlo. Me atrapa en una nube de fascinación que no tiene nada que ver con las expectativas. Está llena de certeza, de verdad. De comprender que has estado cinco minutos en mi vida y ya la has cambiado. Y así es, así nos marchamos.
Y la sonrisa, que habla, que no se calla, pero dice. Dice todo lo que las palabras no pueden. Y algo de mi interior brilla, porque acaba de verte. A ti. Sin ser tus ojos, sin ser tu boca. A ti.
Ese "tú" es tan maravilloso que no puedo decirlo. Me atrapa en una nube de fascinación que no tiene nada que ver con las expectativas. Está llena de certeza, de verdad. De comprender que has estado cinco minutos en mi vida y ya la has cambiado. Y así es, así nos marchamos.
viernes, 18 de julio de 2014
yerro
No sé si fue algo normal, de este mundo de paredes huecas que se derrumban y se quedan en nada. En silencio, en paz. No es tan sencillo ir derribando muros, a veces, se te escapa el mazo y vas a dar. A alguien. A lo primero que se presente. Porque así va el juego. No eres tú. Nunca eres tú. La culpa es demasiado vulgar y ya sabes que aquí todos somos muy finos. Muy elegantes. Quédatela tú. Es para ti. Yo no quiero verla. ¿Y si me descubres? ¿Y si todo se cae contigo? No sabría qué decir sin respaldo. Sin rocas ni piedras. Sin defensa. Sin puntería.
Es un mundo inhóspito. Cruel. Quizá me esté adaptando bien y todo este vaivén de golpes y martillos no se me dé tan mal. Quizá sea todo lo contrario y la pérdida de mi brújula se deba a esto. Quizá tú y yo no seamos tan distintos y llevemos demasiado tiempo jugando a ver a quién mata la culpa primero.
Es un mundo inhóspito. Cruel. Quizá me esté adaptando bien y todo este vaivén de golpes y martillos no se me dé tan mal. Quizá sea todo lo contrario y la pérdida de mi brújula se deba a esto. Quizá tú y yo no seamos tan distintos y llevemos demasiado tiempo jugando a ver a quién mata la culpa primero.
Gané.
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