Vuelvo al volcán. Ese que burbujea en mi interior, a punto
del estallido.
No contemplo la autoridad ajena, me mantengo en un pacifismo falso que me
protege de terminar mis días vestida de rayas. Y por dentro huelo el azufre y siento
la lava desparramarse por mis tripas. El fuego expandirse. Ahí está mi volcán
en contención. “Nada es para siempre”, me susurran mis demonios. Y me doy
miedo, porque me estoy sintiendo. Me estoy dando espacio y en ese espacio salgo
yo, descalza y sin peinar, respirando el aire puro de la vida. Rozando con los
dedos lo incorrecto, lo prohibido, lo indecente. El placer de los “no debería”
y el punto temerario de romper con las reglas. Portazos, cortes de mangas,
humor sucio y piel sudada.
lunes, 14 de agosto de 2023
Lo sucio
domingo, 13 de agosto de 2023
"Mi sensibilidad es una llama al viento"
“Mi sensibilidad es una llama al viento”, escribía Fernando
Pessoa. Y me veo arder. Me siento arder. Las llamas arrasan con todo mi ser. En
agonía, unas veces. En absoluto placer, otras. Me pierdo en el sueño de estar
viviendo para no enfrentarme a la vida. Porque vivir es sentir. Y siento tanto
que temo incendiarme. E incendiar. Así que pienso, divago, deambulo entre nube
y nube. Me refugio en esa cosa que es mi mente y busco, incansable, respuestas
a incertezas. Sentidos a misterios. Palabras a sentimientos. Y me pierdo. Me
pierdo y apago el motor, voy a ralentí. No decido, me dejo llevar y lo llamo
libertad. Me miento libre. Porque suena mejor que reconocer que vivo acojonada.
Me pillo temblando en medio de la mentira y me encierro un rato para que la trola
no salga de mis cuatro paredes. A la evasión también la llamo libertad. Y a la
bomba de humo. Y al agobio por demasiada intimidad. Y Libertad empieza a
mirarme cabreada, hasta las tetas de insultos y mentiras. Bajo la cabeza, avergonzada.
Se me están acabando los escondites. Qué frágil me siento al descubierto. El disfraz
me daba cierto calor. El calor de lo conocido, del confort que se pega
demasiado a la piel y no deja respirar. Me rindo y me entrego. Me tumbo en las
olas de la vida y me dejo mecer. No sé si confiando, no sé si aceptando. Sólo
me dejo mecer. Y, así, desnuda, el fuego. Las llamas de lo que parece ser
indomable. La libertad impulsando mis sentidos. La del viento. Y me despeino en
medio de la tormenta, riendo sin quererlo, llorando sin quererlo, muerta de
miedo. Y de ganas.
El ave fénix está preparado para renacer de sus cenizas. Pero ahora le toca
arder.
viernes, 8 de abril de 2022
No me sé la respuesta a nada, me he pasado toda la vida haciéndome preguntas. Recuerdo la sensación de observar lo que me rodeaba desde lejos, abstraída de la realidad, sin comprender su sentido. Me preguntaba constantemente por qués y para qués que sentía que me alejaban del resto. Sentía tan profundamente que me dolía. Me dolía la incomprensión. Me dolía el mundo. Buscaba constantemente. Me buscaba. Me busco. Y buscándome, huyo de mí misma. Siempre me encuentro con el mismo vacío. Todo me parece superfluo, carente de importancia. Pero estoy aprendiendo a mirar a los ojos y ver. Ver que soy contigo. Que tú y yo estamos conectados por este hilo que se llama vida. Y da igual quién seas tú y quién sea yo. No somos importantes y lo somos todo. Ver que busco desesperadamente el calor del formar parte y que justo eso alimenta mi herida de separación. Ver que no tengo que ir a ninguna parte.
martes, 1 de junio de 2021
La soledad me atropella por la espalda, recordándome de dónde vengo. Me he girado con mucho miedo y me he atrevido a mantenerle la mirada. Le brillan los ojos, es la primera vez que la miran. Que la ven. Que la sienten en las entrañas y le dan permiso para ser.
Me siento pequeña de nuevo, en medio de una tormenta que me
deja tiritando. Voy buscando el calor con desesperación y me olvido de la
fiereza de mi fuego interno. Las llamas me abrasan las entrañas y el humo se
vuelve vaho en medio de tanto frío.
Joder.
Joder.
Cómo me gustaría poder llorarlo… e incendiarme.
sábado, 9 de junio de 2018
Lo que te decía; los términos generales me succionan la mente. Esto no debería ser locura, sino cordura que camina al límite del margen, siempre el izquierdo, por cuestiones de circulación y fluidez. No entiendo las vueltas de campana, las anotaciones eternas a sentimientos encontrados y desencontrados. Vamos a dejarlo estar y que se haga lo que tenga que hacerse. No sé si creo en el destino, pero quedará bonito este caos tan ordenado arrugando las sábanas. Ese orden que nadie ha establecido, ni tú con tu cordura ni yo con lo que sea, que no sé qué es, pero palpita y aúlla cada vez que sale la luna.
domingo, 6 de mayo de 2018
domingo, 15 de abril de 2018
Me dicen los que saben que respire profundamente, pero la profundidad nunca se llena. Es un abismo en el que se pierde incluso lo más eterno. Ahora sé que hay vacíos que cohabitarán en mí toda la vida, que no se van a llenar nunca. Tienen nombres y apellidos de existencias con las que he sido.
Un día, él se despidió en mis sueños y me dejó aturdida, sin comprender dónde se había ido. Ni por qué. Ni de qué manera. No paran de decirme que cuando se van, no se llevan nada, pero yo sé que es mentira. Que me falta un trozo. Que ya no soy la misma. Que nada nunca más volverá a ser como antes. Y aprendo a despertar de nuevo todas las mañanas, a seguir viviendo como si las cosas no se hubieran desordenado. Pero miro y no encuentro lo que me hacía ser yo, porque me marché con él y ya no sé cómo volver. Si lo que ha dejado de existir puede vivir otra vez. Y es que ya no soy yo, soy otra que tengo que empezar a conocer de nuevo.