Pasa que lo que se siente no se tiene nunca. No se tienen amigos, familia, pareja, sensaciones, pensamientos, intuiciones. Nunca se tiene nada de todo eso. Se siente. Y lo que se siente sólo se puede vivir. Se vive. No se puede hacer nada más con los sentimientos.
Pasa que si no vives lo que sientes, todo resulta ser mentira. Sólo lo tienes. Está ahí, en algún rincón de tu mente, alejado del pecho. Puedes preocuparte mucho por ello o pensar constantemente, pero no lo sientes porque no lo vives. No lo sientes porque lo tienes. Porque lo paseas de una neurona a otra buscando alguna definición adecuada. Lo verbalizas.
Así que sentir es vivir y tener es morir. Una explicación nada sencilla que se encasqueta en las mentes menos sentidas, que viven más sus miedos que sus sentimientos. Y mueren más rápido que los otros.
martes, 28 de julio de 2015
lunes, 13 de julio de 2015
La distancia empieza a dibujarse con líneas de hormigón. Me mira diciendo que pesa demasiado para mí sola. Y la soledad asiente, porque comprende de pesos. Sus articulaciones se quejan cuando llueve y la lluvia se encoge de hombros torciendo el gesto, sin poder evitar caer de bruces al suelo. Y chocar. Plas.
Así que el hormigón se solidifica y la distancia se confirma como una verdad inamovible. Tú estás allí y yo más allá, aunque nos veamos las manos. Los ojos. La boca moverse al son de "lo sientos" mal pronunciados que se confunden con autocompasión, con victimismo disfrazado de buenas intenciones.
Cómo pesa, oye, voy a tener que dejarlo como está. En su sitio. En su desorden tan bien colocado. Y es que nunca lo pusimos así, pero no queda tan mal.
sábado, 9 de mayo de 2015
Las risas tronaban dentro de esas cuatro paredes. El olor a alcohol se filtraba por cada una de las fosas nasales, que no respiraban. No respiraban.
Se ve que tenía gracia, pero ni oía risas ni veía a personas. Era como andar paseando por un mundo que no me pertenecía, entre risas enlatadas que me dolían en los tímpanos. Como bailar pisándose los pies con zapatos pequeños. Me sangraban los dedos y mis pies apuntaban hacia la salida, preparados para iniciar una carrera que nunca inicié. Aguanta. Aguanta. Aguanta. Debería ser para ti. Aguanta.
Se ve que tenía gracia, pero ni oía risas ni veía a personas. Era como andar paseando por un mundo que no me pertenecía, entre risas enlatadas que me dolían en los tímpanos. Como bailar pisándose los pies con zapatos pequeños. Me sangraban los dedos y mis pies apuntaban hacia la salida, preparados para iniciar una carrera que nunca inicié. Aguanta. Aguanta. Aguanta. Debería ser para ti. Aguanta.
viernes, 1 de mayo de 2015
A ti no te sabe mal. Te hubiera sabido mal no hacer lo que te daba el motivo de disculparte. No me creo tus sabores, tus escupitajos de bondad programada que sólo buscan un "no pasa nada". Pues a lo mejor sí pasa. Y no de largo.
Se ha tomado la costumbre de ir con los cristales tintados, golpeando a todo el que se cruza por delante y disculpándose, sabiendo muy bien cuál es la causa y el motivo. Se le está quitando el buen sabor a todo, a todos, por aquello de quedar bien, de "me sabe mal" atropellados por las excusas de estar haciendo lo que se quería hacer, independientemente de a quién le tocara el pisotón.
domingo, 12 de abril de 2015
Las nubes corren más deprisa por aquí, no sé si es mi impresión o de mi inconsciente, que gobierna lo ingobernable.
Y pienso que es mejor subir el volumen y no mirar al cielo, que está a punto de llorar, de gritar por la desesperanza. Por la incomprensión de la vida que se cree imperante en el mundo, pero que se queda en un suspiro efímero de inconsciencia. De inmadurez egocéntrica que no tiene ningún sentido. Miraos los unos a los otros: no imperamos una mierda. Rellenamos huecos que nunca han sido nuestros y les hemos endiñado etiquetas de desprecio, de dolor y sufrimiento.
El falso control se siente orgulloso de nosotros mientras que las nubes se van tornando negras. Muy deprisa, muy deprisa. Y se mean encima de nosotros, con incontinencia programada.
El ímpetu de venganza es más mía que del cielo, ya sabéis cómo funciona este desmadre. Esto debería cagarse en nosotros. Y que fuera literal, con justicia y sin poética.
Y pienso que es mejor subir el volumen y no mirar al cielo, que está a punto de llorar, de gritar por la desesperanza. Por la incomprensión de la vida que se cree imperante en el mundo, pero que se queda en un suspiro efímero de inconsciencia. De inmadurez egocéntrica que no tiene ningún sentido. Miraos los unos a los otros: no imperamos una mierda. Rellenamos huecos que nunca han sido nuestros y les hemos endiñado etiquetas de desprecio, de dolor y sufrimiento.
El falso control se siente orgulloso de nosotros mientras que las nubes se van tornando negras. Muy deprisa, muy deprisa. Y se mean encima de nosotros, con incontinencia programada.
El ímpetu de venganza es más mía que del cielo, ya sabéis cómo funciona este desmadre. Esto debería cagarse en nosotros. Y que fuera literal, con justicia y sin poética.
jueves, 19 de marzo de 2015
Yo necesitaba romper las ventanas. Airear aquel lugar enmohecido y lleno de humedades que intoxicaban las mentes con adoctrinamiento forzado. Mi mente. Mis ideales. Mi naturaleza. Y hay cosas que no. Hay cosas que no se deben permitir, con las que no se debe ser tolerante. La tolerancia puede ser muy peligrosa cuando se utiliza para permitir la coacción de la libertad. Cuando se justifica esa coacción con las normas establecidas.
Se han girado las prioridades de la naturaleza. De la vida. La comprensión de la libertad incluye al respeto. Si eres libre, respertarás la libertad de otro porque conocerás su valor. Si sabes que eres libre, sabrás que los demás lo son. Que todo lo que te rodea, lo es. Que nadie tiene el derecho de imponer a otro, de obligar a otro, de maltratar a otro. Que si utilizas la violencia en contra de otro ser, significa que te maltratas a ti mismo.
Se han girado las prioridades de la naturaleza. De la vida. La comprensión de la libertad incluye al respeto. Si eres libre, respertarás la libertad de otro porque conocerás su valor. Si sabes que eres libre, sabrás que los demás lo son. Que todo lo que te rodea, lo es. Que nadie tiene el derecho de imponer a otro, de obligar a otro, de maltratar a otro. Que si utilizas la violencia en contra de otro ser, significa que te maltratas a ti mismo.
sábado, 14 de marzo de 2015
No me comprendía. Abría los brazos esperando que la comprensión lo abrazara muy fuerte. Todo me decía que no con la cabeza. Que no es para ti. Que no. Que no. Que no.
Acababa de decirle que, efectivamente, hacía lo que me daba la gana. Que, efectivamente, era efectivo. Que, efectivamente, para eso estaban las mentes. La mente. Lo que él enseña. Lo que él predica hasta quedarse afónico, con los brazos muy cerrados. Eso lo controla bien. Eso se lo ha aprendido. "Esa línea no hay que cruzarla nunca, chicos. No la crucéis." Y, en cambio, aquéllo no lo comprendía. "Insolente, maleducada. Te falta interés, chica. No te interesa. Lárgate. No sabes. No entiendes. No sirves."
Y quizá sea cierto. Que no me interese. Que los gritos mientras duermo vengan de aquí. Que mi pasión sea la de rascar paredes. Fachadas. Y conocer. Y conocerlo todo. Todo lo que se pueda conocer. Y hacerle cosquillas a lo desconocido para que se ría conmigo. Para que pueda rascarse y yo pueda mirar un poquito. Y curiosear. Correr las cortinas de las casas y abrir sus ventanas. Y a ver qué sale. A ver qué entra.
Es verdad, no me interesa. Me apasiona demasiado. Y la pasión no es lo tuyo. Tú no puedes enseñar lo que no sientes. Pasión es saberlo. Saber que la insolencia de hacer lo que te da la gana, te da las ganas. Te las saca. Te las expulsa. Te las enseña. Y eso es lo que me alimenta.
Y tú estás muerto.
Acababa de decirle que, efectivamente, hacía lo que me daba la gana. Que, efectivamente, era efectivo. Que, efectivamente, para eso estaban las mentes. La mente. Lo que él enseña. Lo que él predica hasta quedarse afónico, con los brazos muy cerrados. Eso lo controla bien. Eso se lo ha aprendido. "Esa línea no hay que cruzarla nunca, chicos. No la crucéis." Y, en cambio, aquéllo no lo comprendía. "Insolente, maleducada. Te falta interés, chica. No te interesa. Lárgate. No sabes. No entiendes. No sirves."
Y quizá sea cierto. Que no me interese. Que los gritos mientras duermo vengan de aquí. Que mi pasión sea la de rascar paredes. Fachadas. Y conocer. Y conocerlo todo. Todo lo que se pueda conocer. Y hacerle cosquillas a lo desconocido para que se ría conmigo. Para que pueda rascarse y yo pueda mirar un poquito. Y curiosear. Correr las cortinas de las casas y abrir sus ventanas. Y a ver qué sale. A ver qué entra.
Es verdad, no me interesa. Me apasiona demasiado. Y la pasión no es lo tuyo. Tú no puedes enseñar lo que no sientes. Pasión es saberlo. Saber que la insolencia de hacer lo que te da la gana, te da las ganas. Te las saca. Te las expulsa. Te las enseña. Y eso es lo que me alimenta.
Y tú estás muerto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)