jueves, 22 de enero de 2015

Ha llegado el momento de escribir en las servilletas de tu bar lo que no te atreves a decir. A plasmar en algunos labios lo que los tuyos no saben. Y que las manchas del café no borren nada. Y que no se den cuenta ni siquiera al mirarse al espejo.  Y que se claven muy adentro, en el rinconcito del alma, y les haga soñar por las noches.
Deja en algún lugar la huella perdida de tu tiempo y desafía su existencia. Ha llegado, tú, ha llegado el momento de marcar tu zapato en el cemento seco de cualquier acera y pasear descalzo por las carreteras vacías, dando la espalda a los pitidos. 


martes, 20 de enero de 2015

Nunca grita que la dejemos en paz, que la desatemos de la obligación de no existir.
Nunca pasó.
Nunca fue.
Nunca se vivió.
Nunca se sintió.
Nunca.
Dice que está cansada de ser siempre la mala de la película, atragantada de tanto drama, de tanta súplica inútil de sentimientos que nunca existieron. La reina de la mentira no quiere seguir siendo lo que se quedó sin final, sin conclusión, sin ser. Vive entre el quizá, entre el tal vez, entre esperanzas que se terminan truncando.  El nunca de los para siempre, de los cuentos, del equilibrio y de la seguridad del mundo. El nunca que se perdió, un buen día de otoño, cuando llegó la realidad.

El nunca de quien dijo: <<¡nunca!>>



sábado, 17 de enero de 2015

Gritos de alegría que perforan el altar de mis expectativas, demasiado estiradas y esbeltas para ser reales. Todo me parece desconocido, se ha destronado la mentira. La libertad tiene unos ojos nuevos, mientras que los cuentos se cuentan en un perfecto tono fingido de esperanza. Optimistas con traje y corbata, que sonríen sin dientes y brillan sin miradas.
El mundo sin mirar, no era lo mismo.

sábado, 10 de enero de 2015

"Si no sangra, puede ser peor". Si no sangra, puede ser peor.
Hay que hacerlo estallar, pincharlo, agujerearlo.  Gritar.

Asesinar al muñeco que vive en las entrañas, ese que te mira desde un prototipo inventado, perfecto. Idóneo. "Tú serás quien quieras ser". Tú serás quien...
Pero el plástico se funde con el calor. Y yo no quiero más frío. Piel de gallina con otros motivos. 
Estoy cansada de esperar sin abrigo, porque todos los portales han cerrado y ya no hay sangre.
Ya no hay sangre.

lunes, 29 de diciembre de 2014

No sé si lo habéis sentido alguna vez. Hablo del fuego. Del ardor en las entrañas de que algo no va bien. Es como si estuvieras justo donde debes estar y en el lado opuesto de donde quieres. Es como luchar constantemente contra una contradicción. La contradicción.
De todo. De que debes hacer algo. Algo distinto. Algo que nadie te ha sabido decir. Algo mucho más profundo que cualquier cosa que se os pueda ocurrir. O a mí. A mí no se me ocurre nada. Supongo que es inútil intentar comprenderlo, intentar ponerle nombres y apellidos a algo tan primitivo como es el instinto. Instinto. Afilado y decidido. Instinto que golpea sin conciencia cualquier razonamiento.
Este no es mi lugar. Y ya me he ido. Y ya me he alejado. Y no ha servido de nada. Y no sé por qué.

sábado, 27 de diciembre de 2014

La vida son elecciones. Pero no elegí verte entre tanto humo, difuso como un fantasma que busca la luz y no para de tropezar con tantos muebles. Debería desamueblar. Hacer una mudanza. Vaciar de tanto peso innecesario ese conjunto tan raro de conexiones que tienen las cabezas.
No elegí conocerte, o a lo mejor sí. Puede que entre la oscuridad llegara a sentirme cómoda, quizá la luz que tanto buscaba me cegaba demasiado. No sé, oye, no encaja.
Las piezas del puzzle acaban de romperse, dadas de tanto doblar, de tanto adaptarse a un lugar que no es el suyo, que nunca lo ha sido. Se equivocaron de dibujo. De caja. De persona.
Las voces radiofónicas no paran de repetirlo una y otra vez. Y aquí hay demasiados trozos como para crear una decisión.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Fantasmas movidos por hilos transparentes, que gritan y huyen con la sábana en la cabeza, para no verse el rostro en los espejos de los ascensores. Suben o bajan, da lo mismo.
La raya de la realidad se está difuminando.
Aborrecen las verdades tanto como su imagen. Van con mucho cuidado de no mancharse. Y planchan, se planchan el atuendo para no quedarse fuera de lugar. Qué malo sería tener que mirarse a los ojos y llorar.